Somos dentro y somos fuera, somos entrañas y piel, somos uno y somos billones de átomos, somos Dios y somos tierra, agua, aire, somos vida y somos muerte, somos según el ojo que nos mira: células al microscopio o miss universo que desfila ilusionada por una pasarela, somos el divino orden y el caos, somos lo amado, lo odiado, lo olvidado, lo desconocido, lo perdido, lo encontrado, lo buscado, lo vuelto a encontrar y vuelto a perder, todo al tiempo, somos la maravilla que nos maravilla, que nos enmudece y somos el terror que nos enmudece, somos todo y somos nada…
Mirar por dentro es cuanto menos inquietante, ¿qué vamos a encontrarnos, qué desconocemos de nuestro ser?, ¿cómo lo que vamos descubriendo cambiará nuestras vidas, para bien, para mal, para seguir con lo mismo, para lograr nuestros sueños…?.
Y está el miedo, la emoción que sentimos y la palabra que le ponemos a mirar por dentro en sus infinitas formas, a no saber qué tenemos dentro -desde un análisis de sangre a un pensamiento que no sabemos de dónde sale y nos desconcierta- a no saber qué tiene dentro el otro, qué es de verdad el otro, qué somos, en qué verdad.
Y como el ser humano es lo uno y lo otro, la pareja del miedo, su pareja de hecho y su pareja eterna es el valor, la valentía, el incontrolable deseo de saber, de cambiar, de mejorar.
Y aquí el coaching nos ayuda a desplegar nuestras hermosas alas, a iniciar el vuelo, el viaje que nos llevará desde el lugar que ocupamos a nuestro verdadero lugar en esta hermosa y difícil tierra.
