Hoy han quitado el techo de escayola de la cocina dejando a la vista los materiales constructivos,
son tubos y cañerías, no embellecidas ni armonizadas imitando los tubos industriales tan de moda ahora, son simples tubos y cañerías años setenta con remiendos de pvc, del vecino de arriba.
Con el techo de escayola todo quedaba tapado a mis ojos y un techo blanco y liso como un cielo protector eludía toda inquietud.
El techo de escayola, pensé, es como la gran apariencia del mundo donde las entrañas de las cosas están tapadas. Es como una ley natural del revestimiento -empezando por nuestros propios cuerpos- todo esta tapado, protegido.
La apariencia es lo que vemos y en una primera lectura nos podemos hacer daño porque nos comparamos con la apariencia del otro, de lo otro, pero claro viéndonos nosotros desde dentro, porque no nos podemos ver desde nuestra propia apariencia y sufrimos tanto por lo que no tenemos y creemos tienen otros…
Para contrarrestar esta tendencia tan humana hay que tomar conciencia de nuestras entrañas, de las entrañas de las cosas y de las personas.
Es como un ejercicio que nos proporcionará un cuerpo mental elástico, fuerte, que sabe de valores, de fortalezas y debilidades, de las suyas, del otro y del mundo. En esto el coaching nos ayuda al proporcionarnos la información necesaria para lograrlo.
